DEL CALLAR AL HACER SILENCIO INTERIOR

Callar es el primer paso para hacer silencio, solo eso el primer paso, pues el silencio y específicamente el silencio interior que es lo que nos ocupa en esta disertación implica muchas cosas más que el mero mutismo. ¿Cómo lograrlo?

Así pues para adentrarnos en el camino del silencio es bueno reflexionar sobre el hablar, siendo esta la otra cara de la moneda.

Hablar

Hablar es una forma de comunicación, la más usual y practica en nuestra rutina diaria, más no la única. Comunicar es la necesidad del hombre de expresarse y ser, somos cuanto podemos expresar. Hablamos para comunicar un mensaje, a un alguien concreto a un qué genérico. Se inicia con un llamado, así pues a viva voz nombramos a un particular: Juan, Karen al igual que un genérico receptor estudiantes, sociedad.

Antes que se vocalice la palabra, ya se ha pensado, entonces el mensaje que damos va cargado de nuestros pensamientos, un complejo entramado de valores, creencias y registros inconscientes. Lo que decimos puede ir en dos direcciones diametralmente opuestas. Nuestro mensaje puede tener la intención de callar nuestros pensamientos y miedos, o puede ser un acto liberador.

¿Qué determina el rumbo que tome nuestro mensaje? Cuanto silencio y reflexión hemos hecho antes de hablar. De esto va a depender el impacto de la palabra dicha tanto en el hablante como en el oyente,

Quien habla se escucha, y las palabra nunca abarcan el total significado del pensamiento o sentimiento, por ello lo que decimos en voz alta nos modifica a nosotros mismos. A caso no les ha pasado que al escuchar sus propias ideas en voz alta, y mucho antes que alguien de una opinión u objeción, ya ustedes se han interpelado y corregido. Quizá la idea no era tan genial como pensamos ahora que nos escuchamos, y esto ocurre de igual forma en el oyente.

El silencio esta antes y después de hablar, en el continuo de la vida, es en la alternabilidad de estos dos estados. Cuando, Cuánto y Cómo permanecemos en el silencio o hablamos, es el dilema de la persona que busca significancia a su mensaje, a la vida misma

Callar, silencio represivo

Cuando el hacer silencio o callar no es una opción sino una imposición estamos ante un silencio represivo. La persona no habla porque: no logra ordenar sus ideas para comunicar su posición, siente que nadie lo va a escuchar, que no tiene valía sus palabras, que será castigado o juzgado por  los otros, se genera pues un estado de impotencia, se reprime y se ahoga la voz.

Cuando una parte de ti piensa que debe hablar pero a su vez manejas una serie de condicionamientos que te lo impiden, experimentas una sensación de estrés e insatisfacción completamente contraproducente para tu espíritu. Reprimir nuestro ser imponiéndonos el silencio no es una opción correcta, en tanto que el silencio genera dolor emocional.

Saber en qué momento hablar y cuándo callar, como consecuencia de un proceso de dominio propio, de autoconocimiento y aceptación es un callar en positivo.

Ahora bien la pregunta es Cómo lo logro, cómo me desprendo de paradigmas y creencias sobre mí y la realidad, que me permitan encontrar el equilibrio entre hablar y callar, dejar la represión para hacer silencio interior, ese que sana, que transforma que me cuestiona y me soluciona.

 Antes de saber cómo lograr ese estado, hay que comprender cuál es el estado que estamos buscando. El silencio interior.

Callar, silencio interior

Hay un estado intermedio entre el callar represivo y el silencio interior, aquel que permite a la palabra expresarse con dinamismo y armonía, sin duda la práctica del buen oyente. Todo el que calla positivamente está escuchando.La escucha atenta, despojada de prejuicio y genuina en la intención de ser receptivo del otro, es fruto del callar positivamente.

La pausa que antecede al hablar para seleccionar las palabras correctas, la pausa para esperar lo que el otro desea decir ante nuestras palabras, la pausa de quien no ha encontrado palabra que se acomode al sentimiento y el silencio como única expresión verdadera de su sentir, son todos ejemplos de callar positivamente.

Como veras callar negativamente o positivamente es un tema de intención y no de acción (la acción es la misma: mutismo)

Hay quien pueda decir que este callar positivamente no sea un estado intermedio sino fruto de un silencio místico que da ecuanimidad; es válido. Siempre que tratamos de explicar los procesos existenciales del hombre vamos a tener que luchar con la tendencia de ordenar las cosas de forma lógica y secuencial, aun cuando en la realidad nos movemos de un estado a otro, en tiempos kairos y no cronos.

El silencio profundo es la expresión de lo inexpresable, qué significa esto y por qué se da. Significa que aquello se nos ha revelado o que hemos asimilado sobrepasa la palabra y esta es incapaz de describirlo; esto lo podríamos nombrar: el conocimiento místico.

No hay atajo para acceder al centro del corazón, el camino es el silencio interior, solo a través de la meditación y la contemplación el hombre experimenta una conexión con algo mayor.

Las intenciones del callar y su dinamismo

A groso modo hemos hablado de los diferentes estadios del silencio. Ahora cómo vamos del callar represivo al hacer silencio profundo, sanador y transformador.

Evalúate, se sinceró contigo mismo, qué tan taciturno, retraído, miedoso eres, o ansioso, competitivo e incisivo, hay que partir de ahí para evaluar porqué te reprimes cuando hablas o cómo el callar adrede, por decisión (aun cuando nos arda la garganta por las ganas de gritar) puede ser un instrumento de regulación primaria, para sosegar la mente y el alma.

Cuando logres un poco dominar la lengua y des espacio a tu interlocutor de hablar, presta atención, haz un esfuerzo real para escucharlo. Dice una frase de la sabiduría popular: Hay quien escucha para responder, y quien para comprender. Es importante conectar con el otro, ser empático de esta manera hablar siempre será un modo de conciliar.

En tu intimidad procurar tener tiempo y espacio para cultivar el silencio interior, solo podemos sanar nuestras relaciones, con los demás, con nosotros y con Dios, cuando aprendemos hacer silencio profundo.

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