El Temor de Dios, un don muy útil en estos tiempos

El temor de Dios es una frase con una carga emocional que coloca el cuerpo en alerta. Temer es sinónimo de miedo, de riesgo de daño, esto trae ansiedad, paranoias, bloquea el entendimiento. Entonces ¿cómo puedo tener una relación sana con alguien a quien temo? Imposible!!!!

El séptimo don del Espíritu Santo es El temor de Dios; No! el Temor a Dios, es importante esta aclaratoria gramatical para comprender el significado de este don. La preposición “a” en caso de personas, indica destinatario directo de una acción, por ende la frase “temor a Dios”, indica que Dios es la persona a la cual va dirigidos nuestros miedos.

La preposición “de” en su forma posesiva, creadora o donante, indica el origen de donde proviene el objeto, situación o bien tangible/ intangible. “El temor de Dios”, es el que proviene o es inspirado por él.  Resuelto el tema gramatical, viene ahora el semántico, la reflexión amplia sobre qué significado tiene la palabra Temor, sus orígenes etimológicos y carga cognitiva.

En la actualidad miedo y temor son sinónimos para definir el sentimiento de peligro que pueda sentir el hombre por alguna causa. Pero sus orígenes son diferentes,  miedo es una palabra de origen puramente latino “metus”, sin embargo temor viene del griego “déima”. en latín, “timor”, su origen extranjero tiende a convertirla en una palabra técnica, menos originaria, menos visceral en su sentido. Así hoy en día el temor es un miedo más controlado.

El temor religioso, tenía por decirlo de alguna manera, su “propia palabra” el verbo metu, que no ha sido asimilada por nuestro lenguaje actual. Esta frase de Virgilio (70-19 aC): “laurus… multos metu servata per annos,” se traduce  “el laurel, durante muchos años preservado por el miedo (=por la religiosidad)”

La explicación lingüística dada nos coloca en contexto para comprender lo que afirma el Padre Thomas Keating en su libro Intimidad con Dios:

El Temor de Dios es un término técnico  del Antiguo Testamento que significa: “la correcta relación con Dios”. No se refiere a la emoción del miedo, que automáticamente suscita reacciones corporales de combate o de huída. La emoción del miedo tiende por naturaleza a mantener a la persona tan alejada de Dios como sea posible. La confianza crece gracias a los esfuerzos realizados a fin de servir a Dios por amor y profundizar la relación. Esto no se puede realizar si tenemos miedo de Dios.”

Revisemos pues algunos versículos del Antiguo Testamento, que ilustren este enfoque, porque el Temor de Dios es el llamado que hacen los profetas.

“El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, pero los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 1:7).

“Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré” (Salmo 34:11).

Benedicto XVI (Ángelus Domingo 22 de junio de 2008) nos dice: “El temor de Dios, que las Escrituras definen como «el principio de la verdadera sabiduría», coincide con la fe en él, con el respeto sagrado a su autoridad sobre la vida y sobre el mundo. No  tener «temor de Dios» equivale a  ponerse en su lugar, a sentirse señores  del bien y del mal, de la vida y de la muerte. En cambio, quien teme a Dios  siente  en  sí  la seguridad que tiene el niño en los brazos de su madre (cf. Sal 131, 2):  quien teme a Dios permanece tranquilo incluso en medio de las tempestades, porque Dios, como nos lo reveló Jesús, es Padre lleno de misericordia y bondad. (…) Cuanto más crecemos en esta intimidad con Dios, impregnada de amor, tanto más fácilmente vencemos cualquier forma de miedo. (…) Nos tranquiliza, como hizo con san Pablo cuando se le apareció en una visión durante la noche, en un momento particularmente difícil de su predicación: «No tengas miedo —le dijo—, porque yo estoy contigo» (Hch 18, 9-10). El Apóstol de los gentiles, de quien nos disponemos a celebrar el bimilenario de su nacimiento con un especial Año jubilar, fortalecido por la presencia de Cristo y consolado por su amor, no tuvo miedo ni siquiera al martirio”

San Juan Pablo II (Audiencia General, Miércoles 3 de abril de 1991) siendo específico del Temor de Dios como don del Espíritu Santos explica: “Con el Don del temor de Dios el Espíritu Santo infunde en el alma cristiana un sentido de profundo respeto por la ley de Dios y los imperativos que se derivan de ella para la conducta cristiana, liberándola de las tentaciones del «temor servil» y enriqueciéndola, por el contrario, con el «temor filial», empapado de amor.”

Concluimos que El temor de Dios, se lee mejor como el respeto a Dios, toda relación se inicia con el respeto, no puedes llegar amar o admirar, o dejarte guiar por alguien que no respetas.
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La sana relación con Dios se da a través del respeto, que me predispone a la escucha atenta, al genuino interés de conocer lo que tiene que decirme. Es un tamiz para depurar las acciones cotidiana, con las preguntas recurrente esto que hago es “de Dios” me ayuda a crecer en espíritu, me edifica.

El libre albedrío es la forma en que Dios nos demuestra su respeto. El no se impone, él espera a que consentir su presencia. Respetar a Dios es de igual forma no imponernos tratando de darle ordenes, si él fuera el genio de la lámpara de Aladino, con peticiones de cosas o situaciones sin antes reflexionar como eso nutre o desgasta nuestra alma.

El temor de Dios, faculta al espíritu a buscar el bien en todas las cosas, a intuir el mal con antelación, da criterio para elegir o declinar un deseo, nos convierte en personas precavidas, de escucha atenta, intuitivos y fortalece el sentido común (a veces nada común).

¿Cómo se da la relación con Dios?¿Cómo vamos a su encuentro? ¿Cómo recibimos y nos gozamos del don de Temor de Dios? Estas preguntas tienen su respuesta en una en la Lectio Divina, que será el tema del próximo artículo.

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1 pensamiento sobre “El Temor de Dios, un don muy útil en estos tiempos”

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