Puede el cristiano practicar Yoga y el Zen

La ascética oriental es de una riqueza espiritual milenaria y de la podemos aprender mucho para mejorar en el camino contemplativo. Aunque en honor a la verdad lo primero que debemos hacer es definir estos caminos espirituales del yogui, del budismo y el zen, que nada tiene que ver con la clase de yoga de los domingos en el parque, ni las meditaciones dirigidas que consigues en youtube. En medio de tanto ruido las practicas meditativas de Oriente se presentan como una alternativa natural y saludable para encontrar calma, y liberarnos del stress que es el mal de los nuevos tiempos, pero ante el peligro de perder la Fe, nos preguntamos ¿Puede el cristiano practicar la yoga y el zen?

Valoración Cristiana de la ascetica oriental

De las profundidades históricas de la India nos llega una doble propuesta de contemplación, el yoga y el zen.

“El término sánscrito yoga deriva de la raíz yuj, que corresponde —también fonéticamente— al latín jungere, jugum; significa unir, atar juntos, uncir. Yoga es el yugo que se pone sobre la testuz de los bueyes para tenerlos juntos, y también el sistema para unificar las facultades del cuerpo y del espíritu, unir el alma a la trascendencia suprema” explica P Giocondo.

Bhakti-yoga, Hatha-yoga, Karma-yoga,Yoga-tántrico, entre otras son corrientes derivadas del Raja Yoga que es considerado el verdadero yoga. El yogi debe retirarse al silencio de la soledad, abandonando cualquier forma asociativa y despojándose de cualquier bien o cuidado material. Debe practicar un rígido ascetismo, reduciendo al mínimo las necesidades fisiológicas para olvidarse de sí mismo. Es necesario contar con un Guru que guiará al yogui en sus caminos.

«Shiva, el Señor, mora en tu cuerpo: adorarlo en las imágenes de piedra o de madera es pura locura. Locura es venerarlo en las ceremonias y en los ritos, en los votos y en las peregrinaciones.

El verdadero religioso entra dentro de sí, consciente de que las imágenes son una ayuda para los ignorantes porque se aproximan al gran misterio. El verdadero vidente ve al Divino, real y sin segundo, como idéntico a su mismo yo (…)” Yoga davshana Upanishad IV, IX, X; G.VANNUCCI

El término sánscrito dhyana que hemos encontrado en el séptimo grado del yoga y que significa contemplación trasladado a China hacia el 520 después de Cristo por el budismo, se transformó en ch’an, y en Japón se transformó en zen.

El punto de partida del zen es el vacío universal como negación de lo real; no existe el  conocimiento porque cualquier dato cognoscitivo es experiencia de una realidad que no ha existido nunca ni nunca existirá: por eso todo conocimiento es una vulgar mistificación y fruto de la ignorancia.

Para ayudarle a la no comprensión el maestro le impone un centro de atención, el koan, que es una palabra, una frase, un gesto cargado de simbolismo o algo paradójico, incomprensible, absurdo. He aquí un koan de Hakuin: «Sabemos el sonido de dos manos que aplauden; ¿cuál es el sonido Cuando un hombre por voluntad propia se interna en de una mano sola?». Y el de Hui-neng: «Mirar la imagen que se tenía antes del nacimiento de los padres».

El Budismo es una filosofía espiritual difícil de conceptualizar en pocas líneas, esta la corriente Tibetiana (monjes de claustro en las profundidades del Himalaya)  y la China (Zen)

Cuando un hombre se sumerge en lo alto de una montaña y se somete a una disciplina de silencio y renuncia, para nadar en las aguas de la contemplación de la suprema belleza, merece el reconocimiento  de su experiencia con lo infinito. El cristiano busca en la contemplación vaciarse de sí para ser llenado por Dios, aquí se puede pensar que practicar el Zen o la Yoga como metodo de calmar la mente quiza sea valido.

Pues esta entrega radical de los monjes budista y yogui, también está presente en muchos santos cristianos, quizá no tan radical. Las privaciones, mortificaciones, desprendimiento de los sentidos, inmersión en la beatitud divina, elementos de la mística oriental tiene su símil en la espiritualidad cristiana. Así que más que cerrarle la puerta en las narices, hay algo que se puede aprender.

La experiencia de San Juan de la Cruz, Santa Teresa del Avila, algunos episodios de san Francisco de Asís, encuentran su semejanza en los protagonistas de la espiritualidad oriental.

Giocondo nos dice “La técnica de la respiración de Nicéforo tiene puntos en común con el yoga. La oración del corazón, con la ininterrumpida repetición del nombre de Jesús, la de los hesicastas y la de otros muchos místicos católicos como Bernardino de Siena, Rolle, Jacopone da Todi, tienen una función de absorción semejante a la de los mantra. Los estados extáticos de los contemplativos cristianos y los de los gurús están iluminados por la visión de una belleza inmaterial que no puede ser verdadera en un caso y falsa en el otro. Los dos han alcanzado poderes extraordinarios, los dos han sido tocados por la llama de Dios.”

El cristiano se mueve por la Fe en un Dios que es presencia, mientras la mistica oriental busca la iluminación en lo absoluto, usando la naturaleza como vehículo hacia la trascendecia, ambas trabajan con mediaciones invisibles. El error nace de aceptar estas propuesta en su versión comercializada, sin entendimiento de lo cognitivo, de lo místico o el centro de la búsqueda. Entonces sí como cristiano no entendemos los fundamentos doctrinales de nuestra Fe entramos en confusión.

Diferencias de la Contemplación de un Cristiano en función de la Yoga y el Zen

Sobre nuestra Fé hay que recordar, la iniciación Cristiana – Católica se obtienen a través de los sacramentos (bautismo, confirmación, reconciliación y eucaristía)

La experiencia tras la meditación en los místicos cristiano no concluye siempre en un momento de relajación y armonía, a veces es un fuego perturbador.

En las prácticas esotéricas, el hombre persigue un ideal de liberación fundado en sus propios esfuerzos, mientras que en la «espiritualidad cristiana, el protagonista y promotor de la vocación a la unión es Dios, y el alma responde a su llamada con la ascesis, la búsqueda, la fidelidad, la humildad y el amor»

Giacondo reflexiona sobre como puede la mistica Oriental colaborar en la Cristiana. ¿Puede el cristiano practicar la yoga, el zen y la meditación trascendental, para alcanzar a Dios? ¿No es Dios el que busca al hombre? Si estas técnicas sirvieran solamente para preparar el cuerpo y el espíritu al acto contemplativo, no habría ningún inconveniente. Pero si se usan como sustitutivo de una experiencia contemplativa cristiana que puede efectuarse únicamente en los brazos de la fe y de la caridad, virtudes sobrenaturales que no pueden tomarse a préstamo, ningún teólogo verdadero se sentiría capaz de sellar un compromiso entre dos realidades que no pueden superponerse sin estar las dos vacías de su propia y rica identidad.

Para el cristiano el puente para llegar al Padre de la gloria es la persona de Cristo, porque solamente él, «en el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia», puede conducir al hombre a «penetrar en el perfecto conocimiento del misterio de Dios»

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Mariale Méndez

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1 pensamiento sobre “Puede el cristiano practicar Yoga y el Zen”

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